El domingo jugamos ante un enemigo clásico, como es el Espanyol, que ha protagonizado muchas historias de rivalidad con el Mallorca. He seleccionado tres, diferentes cada una de ellas en el tiempo, y que creo que os van a gustar. Empezaré con el partido que acabó con un árbitro en prisión (tal como suena).
Estamos en la temporada 30-31 y el Mallorca se acaba de proclamar campeón de Baleares, lo que le da derecho a participar en la Copa, en la que debe enfrentarse al Espanyol, que visita el campo de fútbol de Buenos Aires el 14 de abril de 1931. La Federación envía a Palma a un árbitro aragonés llamado Ostalé, y se monta un pitote de tal dimensión que el Gobernador Civil ORDENA QUE SE LE INGRESE EN PRISIÓN. Increíble pero cierto.
Este es el relato de los hechos que escribió en su libro "Club Deportivo Mallorca" Gabriel Font Martorell, en la época un directivo importante del club: "Desde comienzo dominaron los mallorquines, quienes lograron marcar a los diez minutos con un precioso tanto, obra de Pizà. Como obedenciendo a una consigna, el árbitro aragonés Sr.Ostalé empezó a actuar sin disimulos contra los encarnados, en medio de contínuos escándalos. A los 33 minutos hubo un tan claro fuera de juego de Edelmiro y Besolí que ni un solo jugador se movió, excepto Edelmiro, que continuó corriendo hasta introducir el balón en la red. Vaciló Ostalé, y al final dispuso el castigo del Mallorca con penalty. Los mallorquinistas se dirigieron al juez, protestando de tan incomprensible castigo, y entonces Ostalé cogió el balón, lo lanzó al centro del campo (¡¡¡y concedió goal!!!) . Gracias a la protección de los guardias y los directivos del Mallorca pudo ponerse a salvo. El presidente de la Federación Balear, Miguel Forteza, le ordenó que continuara el partido, pero dijo que estaba lesionado. Reconocido por el doctor señor Trujillo, se vio que no tenía lesión alguna, a lo que respondió que no quería seguir el partido por depresión moral y miedo. Con todo ello, había transcurrido ya media hora, y el griterío en el campo era espantoso, mientras los espectadores, enardecidos, y sin ton ni son, iban rompiendo vallas y sillas. El señor gobernador civil dio orden al árbitro de que siguiera el partido. Ante su nueva negativa, dispuso que se le exigiera declaración escrita y que se le detuviera, haciéndole ingresar en la cárcel. La Federación resolvió dar por finalizado el partido con empate a uno".
Esta es la increíble historia, narrada por un testigo presencial. Se me ocurren dos reflexiones. La primera, que si ahora se encarcelara a los árbitros que montan follones, pronto harían falta más prisiones. La segunda que, como véis, la polémica arbitral persigue al Mallorca desde los albores de su creación.
P.D. Pronto, la segunda historia. La promoción que envió al Mallorca a Segunda. Ah, y perdón por la calidad de la foto, que además es la temporada siguiente, la 31-32, pero es lo que hay, por desgracia.

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